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ESTEREOTIPOS DE GÉNERO

por | Abr 29, 2021 | Artículo

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Si uno busca la frase “Estereotipos de género” en el google, en los resultados aparecerán un sinfín de estudios y artículos psicológicos, lingüísticas, sociológicos etcétera, basados en prejuicios relacionados con ser hombre o mujer.

En general en la literatura encontramos la palabra sexo referida más bien a lo biológico, lo físico y lo propiamente sexual, mientras que la palabra género alude más bien a las características psicosociales, roles motivaciones, conductas.

Un estereotipo de género sexual o de roles, de acuerdo con Rosenkratz es “Una creencia consensuada sobre las diferentes características de hombres y mujeres en la sociedad”

En este sentido, el género no es más que otro de los estereotipos sociales, que puede darse escala de un grupo étnico, clase social nacionalidad, procedencia, etcétera, se trata de imágenes simplificadas sobre personas que sólo por el hecho de pertenecer a cierto grupo o por ser hombre o mujer, y también de los roles que éstos deben desempeñar.

Los estereotipos de género abarcan un conjunto de actitudes, creencias o ideas preconcebidas sobre las pautas que los hombres y las mujeres deben seguir. Por ejemplo, de los hombres ¿que se espera? Que sean trabajadores, fuertes, agresivos, valientes, que no lloren ni expresen sus miedos, que funcionen como proveedores y jefes de familia. Mientras tanto, de las mujeres esperamos que sean pacientes, tiernas, obedientes, delicadas, sensibles, dependientes, que se desempeñen como amas de casa y madres.

La feminidad y maternidad se consideran sinónimos y algo inherente a todas las mujeres sin considerar que existe una gran diversidad entre nosotras, que no somos seres uniformes.

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La inteligencia y la estupidez son a asexuales.

Es cierto qué hay diferencias sustanciales en los cerebros del hombre y la mujer dadas por la selección natural, pero muchas de ellas son más bien culturales, y en estudios recientes se ha comprobado que eso de qué los hombres son mejores que las mujeres en matemáticas es falso, lo mismo que para leer mapas o hacer trabajos manuales.

Ni los hombres son más competitivos, ni las mujeres más emocionales o los hombres más sexuales que nosotras. Hay hombres buenos para desenredar cadenitas de oro o bordar y mujeres que todo el día piensan en sexo y son doctoras en matemáticas. “La inteligencia es asexual y la estupidez también diría Ibargüengoitia”

Las ideas preconcebidas sobre las profesiones que las mujeres podemos desempeñar abundan, como demuestra está anécdota que le ocurrió a mi amiga Victoria en Mérida, cuando hizo un comentario sobre su trabajo:

-¿De qué trabajas? ¿De secretaria en un consultorio? -Le preguntó una mujer que no la conocía.
-Doy clases -Respondió mi amiga entonces maestra universitaria.
-¿En que primaria?

¿Otra maestra? En una ocasión iba en mi coche a la universidad a dar una clase de periodismo cuando vi en la esquina al voceador; Le toque el claxon con la intención de comprar PROCESO, LA JORNADA, NEXOS o alguna otra publicación que me fuera útil como material de análisis. Él, al oír el claxon que provenía de una camioneta con una Mujer al volante, expurgó entre sus publicaciones, saco un TV NOTAS y corrió hacia mí porque… ¿Qué más podía pedir una mujer en camioneta?

Hubiera preferido que me enseñara la revista COCINA FÁCIL o ya de perdiz MUY INTERESANTE  o SELECCIONES. Me ofendí muchísimo, pero fue mayor el horror al darme cuenta del poder del estereotipo con el que muchas mujeres cargan.

Porque si. ¡Yo tengo una camioneta que me compré y nadie me regaló!, pero conozco a muchas mujeres que conducen Mustangs, Jeeps y otros coches y que son agredidas por los del ballet parking ya que cuando les entregan su boleto les preguntan: ¿Cuál es su camioneta?¡Me lleva la fregada! ¿Qué las mujeres que pasamos de 35 ya sólo vamos en camioneta?

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BEBIDAS PARA SEÑORAS.

Incluso en espacios tan cotidianos como los restaurantes, escapar de los estereotipos parece imposible. Esta anécdota le sucedió a mi amiga María Ángeles cuando tenía dos o tres años de casada. Su marido cada equis tiempo hacía y sigue haciendo dieta rigurosa tanto de comida como de bebida.

Un día en plena dieta, fueron a comer a un restaurante y pidieron de aperitivo un tequila para ella y una coca de dieta para el ¿Adivinen a quien le sirvieron el refresco y a quién el tequila? El personal se sorprendió un poco al ver que cambiaban bebidas, pero su sorpresa siguió cuando ella tomó una copa de vino tinto y él siguió con su refresco. Al terminar mi amiga pidió un Café expresso y se fumó un cigarro mientras su marido seguía con sus bebidas dietéticas.

A la hora de pagar, el mesero quedó con la boca abierta porque la que sacó su poderosa American Express y firmó el baucher fue ella y no él. Para rematar, el comentó “es que ella me mantiene” y ambos soltaron una sonora carcajada que dejó el mesero patidifuso.

Es que en general, cuando una pareja pide vino, el mesero le da a probar a la acompañante masculino sin siquiera antes preguntar quién de los dos, hombre o mujer va a ser el catador, y aunque yo no me distingo por mis conocimientos enológicos algunas de mis amigas si; la cosa es que la mayoría de las veces el estereotipo se impone. Igual sucede al final de las comidas cuando el Mosso aparece para preguntar:

-¿Un postre para la dama?,¿ o un Bailey’s?
– ¡Bailey’s! ¡Pero yo si tomo mezcal derecho!

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DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN.

Lo peor de los estereotipos es que van de mamá a hijo, de papá a hija, heredándose de generación en generación, suponiendo que hombres y mujeres deben cumplir sus “roles históricos”. Y en muchos casos, a veces sin reflexionar, las mismas mujeres los programamos cuando rechazamos a otras porque trabajan o porque no trabajan, o criticamos a la que parece ser mala madre, o “pedimos permiso” a nuestra pareja para todo, etcétera.

Porque aún después de la búsqueda de la igualdad entre sexos; de que las mujeres obtuviéramos el derecho al voto, nos integramos al mundo laboral y tuviéramos los mismos privilegios y obligaciones que los hombres; de la creación de la píldora anticonceptiva y el derecho al aborto legal, en un santiamén los logros se van por el caño con cada diferencia sexista que se hace en el día a día. Y el simple hecho de que exista un Día de la Mujer como conmemoración, convierte la supuesta igualdad en algo utópico.

Y por mucho feminismo, mucha reivindicación de librito y mucha igualdad, a la hora de la verdad hay quien prefiere que su asesor financiero sea él y no una ella; y a muchos sigue generándoles desconfianza ver al volante de un taxi, de un autobús o un vagón del metro a una mujer; y cuando ven en un partido oficial de futból arbitrar a una mujer se les ponen los pelos de punta; igual cuando es ella quien salta al ruedo y decide torear a pie o a caballo, cuando ella pide una cerveza oscura doble malta, fuma puro, conduce un muscle car, ocupa el área de pesas en el gimnasio, lee revistas científicas especializadas y consume más calorías que las recomendadas por el promedio de nutriólogos que publican en Vanidades.

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LA IGUALDAD EN LA REALIDAD

Históricamente las mujeres han estado relegadas, marginadas y sometidas. El que hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades de acceder al iPhone 6 y elegir representantes no es igualdad real. Vivimos en una sociedad dónde las percepciones, los pequeños guiños dizque inofensivos, las palabras y las acciones de violencia contra la mujer tienen distintos tamaños y magnitudes y se manifiestan desde focos dispares y múltiples.

En una sociedad en la que millones de mujeres son vendidas, quemadas, violadas, explotadas y asesinadas cada año; donde un sacerdote puede afirmar con cachaza que la violencia machista es culpa de las mujeres –que “cada día están más arrogantes y autosuficientes”-; donde solo gracias a la presión internacional cuatro países fundamentalistas accedieron a enviar representantes femeninas a los juegos olímpicos (en 2012); donde, en muchos casos, los hombres ganan más que las mujeres por realizar los mismos trabajos; donde dos tercios de la población analfabeta es femenina y 90% de las fuentes y expertos citados en los medios de comunicación son hombres.

Así, la realidad es que aún queda mucho por lograr y demostrar, y mucho trabajo de hombres y mujeres por conseguirlo. La verdadera igualdad de derechos y oportunidades representa la posibilidad de un mundo más libre, con mayor riqueza, menor violencia e incluso más sexo para todos.

En este sentido, la elección es la herramienta fundamental para terminar con los estereotipos. Implica libertad para cuestionar la asimilación ciega de prácticas sociales “femeninas” que van desde la elección de una profesión, un auto o una bebida, hasta la decisión de depilarse o no. Porque ante todas estas decisiones debemos preguntarnos qué es lo más importante: ¿la aceptación social que se logra a través del cumplimiento del estereotipo femenino o la decisión nacida por nuestro propio pensamiento y capacidad crítica? Al final, Cada mujer –y hombre- tiene derecho a definirse a través de sus elecciones y el único género que debería importarnos es el humano.

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