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ENSEÑAME AHORA A PENSAR

por | Nov 25, 2020 | Revista

Si una hija me dijera “Gracias papá, contándome chistes me has enseñado a reír, enséñame ahora a pensar”, lo haría así:

– Ven, mi niña, entremos en una floristería. Esta flor ¿cómo se llama?

– Rosa.

– Bien. ¿Qué sabes sobre esta rosa?

– Es una flor que puede tener varios colores, un agradable perfume, muchos pétalos, etc.

– ¿Sabes cómo se cultiva, cuál es la duración de su vida o su clima preferido?

– No, papá…       La primera cosa para aprender a pensar, mi pequeña, es reconocer que no puedes saberlo todo sobre esta flor. Lo que dices de ella sólo está en función de lo que conoces, de la experiencia que tienes. Por ejemplo, hay personas que con un microscopio pueden conocer su esructura atómica. Otros saben cómo se reproducen las rosas, otros distinguen diferentes matices en su perfume… Nadie puede saberlo todo. Entonces, según lo que tu sabes, esta flor es una rosa con muchos pétalos y agradable perfume, pero hay muchas cosas de ella que no conoces. ¿Aceptas esa idea?

– Si, papá, la acepto. Según lo que yo sé, ésta es una flor muy bella.

– Si la comparas con flores más feas que ella puede resultar bella, pero comparada con otras mejores que ella, puede resultar fea. Digamos entonces que es bella hasta cierto punto. No se puede encerrar las cosas en conceptos absolutos, hija mía. Las cosas son bellas o feas en comparación con otras o según el gusto de quien las juzga… Toma tres cubos, en uno pon agua muy fría, en otro agua templada y en el tercero agua muy caliente. Si metes una mano en el agua muy fría y la otra en el agua templada, esta última te parecerá caliente. Si metes una mano en el agua muy caliente y la otra en la templada, ésta te parecerá muy fría. Todos los conceptos que usamos son por comparación: si decimos pequeño, lo relacionamos con algo que nos parece grande. Los tamaños dependen de quien los mira: un enano, para una hormiga es un gigante. Igual sucede con las otras comparaciones: para un anciano de noventa años, un hombre de setenta es aún joven… ¿Qué te parece más interesante en esta rosa: su forma, su color, su perfume u otra cosa?

– Su perfume.

– Entonces, para ti, la parte invisible de esta flor es lo que la define. En cambio para mi, lo más importante es su forma… Podemos decir que tú das más importancia al espíritu de las cosas y yo a la parte material. ¿Te das cuenta? Todas las cosas se definen por un “para mi…”. Tú puedes decir: Mi padre es bueno… para mí. Uno de mis alumnos puede decir que yo soy un tirano… para él. Si compramos esta rosa, para mí, que llevo dinero en el bolsillo, será barata. Para una persona pobre, resultará muy cara… Ahora observa bien este ramo: ¿cuántas rosas lo conforman?

– Doce.

– ¿Son todas iguales?

– Sí.

– Obsérvalas bien: ésta tiene las espinas más largas, esta otra es de un rojo casi imperceptiblemente más claro que las otras… Huele ésta…

– ¡Puf! ¡Qué desagradable!

– Un insecto quedó atrapado entre sus pétalos y se ha podrido… ¿Te das cuenta? Son flores parecidas, pero no idénticas.Te ayudará mucho en la vida saber que ninguna cosa ni ningún ser es por completo igual a otro. Pensar que lo que se parece es igual y actúa de la misma forma que los otros, es cometer un error de generalización. Una persona inteligente se esmera en captar la diferencia esencial de cada individuo. Aprenderás que no puedes ser sabia si hablas de “los hombres”, “las mujeres”, “los negros”, “los malos”, “la pintura”, “la política”, “la medicina”… Ninguna generalización es válida: un político puede ser honesto, heroico, sagaz; otro político puede ser un ladrón, cruel, mentiroso… ¡Ten cuidado, pequeña, porque los que hablan siempre en nombre de conceptos generales son seres que buscan afirmar su poder! ¡Sigamos! ¿Crees que esta rosa es igual a sí misma?

– No te entiendo… Esta rosa es esta rosa, no es otra rosa.

– Te equivocas, muchachita. Esta rosa ahora es así… Mañana o pasado comenzará a marchitarse, cambiará. Antes de ahora fue un capullo. Tú ahora eres una niña, pronto serás una adulta, luego una anciana. Después tu materia pasará por una transformación, te convertirás en otra cosa. ¿En qué? No lo sabemos. Si tenemos fe pensaremos que seremos inmateriales, llenos de felicidad. Fuimos algo antes de “nacer”, seremos algo después de “morir”. De cada cosa o ser que veas, piensa: “Hoy es así, mañana cambiará, negativa o positivamente… Y si no cambia se estancará, como ese insecto prisionero entre los pétalos”. Para que comprendas bien esto, te voy a contar un último chiste:         

Es medianoche. El teléfono despiera a un médico.

¡Doctor! ¡Doctor! ¡Venga corriendo!

¿Qué le sucede? ¡Estoy durmiendo!

Mi mujer se siente muy mal. Creo que tiene un ataque de apendicitis.

¿Cómo se llama usted?

Soy Carlos Manzano, doctor.

Ah, bueno, lo conozco muy bien… Pasaré a verla mañana a mediodía. Dé a su mujer una aspirina. No es nada grave.

Disculpe que le insista: ¡es un ataque de apendicitis!

Basta de delirios, señor Manzano. Hace dos años operé a su mujer y le extirpé el apéndice…

Sí, es cierto. Pero yo me he divorciado y me he casado de nuevo.

-¿Comprendes mejor ahora? Hay que tener la mente en el presente. Hoy alguien es una cosa, mañana puede ser otra. Igual sucede con las relaciones de las parejas. Van cambiando. Un psicoanalista inglés dijo que “La pareja es una crisis continua”. Yo sustituiría la deprimente palabra “crisis” por “cambio”, un cambio continuo. Un dia llueve, otro sale el sol. Nada es para siempre. Nadie es idéntico a sí mismo. No somos, estamos siendo… Y para terminar te pregunto otra vez:

-¿Esta flor es bella?

-Sí, esta flor es bella, para mí.

-Bien. Dime ahora: ¿dónde es bella?

-Pues… aquí.

-Exacto, aquí es bella: el florista la exhibe cortada y condenada a una muerte rápida. ¿No piensas que en un jardín, sin ser separada de la planta, conservando sus raíces, es más bella?

-Sí, papá, con sus raíces es más bella.

-Bien, he hecho que la imagines creciendo en un jardín. Ahora imagínala creciendo entre rocas, en un terreno reseco.

-Sería menos bella, para mí…

-Así es. Volvamos a la rosa cortada: si la colocas enun lugar luminoso es una rosa, si la colocas en un lugar oscuro, es otra. Es importante saber dónde estás cuando piensas, porque si lo haces en un territorio negativo, lo que dices, por muy bello que sea, no valdrá gran cosa, nadie le dará importancia. Las semillas que siembras en una tierra fértil se hacen estériles cuando las siembras en la arena.

-Ahora comprendo, papá, no debo sembrar en la arena…

-No te apresures en sacar conclusiones: no se trata de no sembrar sino de sembrar de otra manera… En vez de enterrarlas, puedes desparramarlas sobre una superficie rocosa. Quizá algún pájaro se las trague y, sin poderlas digerir, las excrete en un terreno fértil.

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